domingo, 29 de septiembre de 2013

Vida noble y vida vulgar, un comentario sobre la Rebelión de las masas de Ortega(Primero)

Uno de los mejores libros, sin duda, de Ortega y Gasset es La rebelión de las masas. Nos encontramos ante un magnífico ensayo de filosofía social aun vigente después de muchos años. Ortega considera que el gran fenómeno del siglo XX es el acceso de las masas al pleno poder social. Es lo que parece un triunfo democrático. Este poder de las masas en la sociedad tiene los siguientes rasgos: el gran aumento de posibilidades de nivel de vida estimula la expansión de sus deseos. Dicho de otra manera y como dice mi abuela, que con cien años encima algo tendrá que decir: “cuanto más tienes, más quieres”.
En esta sociedad organizada de esta manera “casi perfecta”, se da una situación paradójica: al hombre-masa sólo le preocupa su bienestar, pero a la vez es insolidario con las causas de ese bienestar. Además muestra una radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible su existencia. Esto es la guinda del pastel, ¿cuantas personas se radicalizan en contra esta sociedad que le ha llevado a tener el bienestar que disfrutan? Ortega dió en el clavo.
Llegados a este punto, Ortega hizo una distinción desde el punto de vista del comportamiento. Diferenciaba entre “vida noble” y “vida vulgar”, los que eligen la “superación” o los que simplemente se dejan llevar por la “inercia”. El hombre excelente es el que se exige a sí mismo; el vulgar es el que no se exige nada. Aparece aquí el hombre razonable e inteligente, que quiere conocer la genealogía de las cosas, de la cultura, la razón histórica; frente al hombre que no quiere dar razones, sólo quiere imponer sus opiniones.
Todas estas afirmaciones siguen siendo verdaderas y actuales. Ortega insiste en un aspecto decisivo: una civilización avanzada tiene mucho pasado a sus espaldas, mucha experiencia, mucha historia: “El saber histórico es una técnica imprescindible para conservar y continuar una civilización”.
por Toni Zamalaparra

jueves, 19 de septiembre de 2013


La mayor parte de las veces uno defiende ideas, no porque sean las mejores, ni siquiera porque se sepa mucho lo que suponen realmente, y menos aún su genealogía o su historia, sino sencillamente se defienden porque son las propias. La inercia es mantener cada uno sus prejuicios, esos que a veces han costado su tiempo, lo que algunos llaman su cultura, su punto de vista, por encima de la lógica, de la libertad, incluso de la vida. La filosofía siempre ha remado en dirección contraría, porque invita a intentar pensar desde la perspectiva de la totalidad, fuera de nuestra sombra, de nuestra inevitable estrechez de miras. No nos ofrece la verdad, en tacita de plata, nos llama a buscarla, sin esperar mas que la alegría de hacerlo, lo que para muchos resulta premio suficiente.



domingo, 28 de noviembre de 2010

Aristóteles: de la sensación al conocimiento


"Todos los seres vivos necesitan capacidad de nutrición para sobrevivir y crecer (plantas, animales, el hombre), en tanto que algunos requieren también capacidad de sensación para percibir los objetos y distinguir entre ellos(animales, el hombre). En el caso del hombre, que ademas esta dotado de razón, estas capacidades lo habilitan para almacenar su experiencia, comparar y contrastar, calcular, reflexionar y sacar conclusiones, todo lo cual hace posible el conocimiento del mundo. Por tanto, la comprensión humana del mundo empieza en la percepción sensible. Antes de cualquier experiencia sensorial, la mente humana es como una tablilla en blanco en la que no hay nada escrito. Está en estado de potencia respecto de las cosas inteligibles. Y el hombre necesita experiencia sensorial para que su pensamiento, con ayuda de imágenes mentales, pase del conocimiento en potencia al conocimiento en acto. El empirismo, mas humilde que la intuición directa de las ideas que postulaba Platon, es fiablemente tangible.
Sin embargo, la razón(el logos) es lo que hace posible que la experiencia sensorial constituya la base del conocimiento útil. Aristóteles fue el filósofo que articuló la estructura del discurso racional de tal modo que la mente humana pudiera aprehender el mundo con el mayor grado de efectividad y precisión conceptual." La pasión de la mente occidental, Richard Tarnas, Atalanta.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Disertación sobre algunas nociones de la fisica de Aristóteles


Los conceptos de materia y forma aristotélicos, conectados con los de acto y potencia, ofrecen la estructura de una física teleológica, conformada en razón a la idea de que todo cambio natural es realización de una intención, el logro de aquello por lo que algo es. Con un célebre ejemplo: una semilla es tal porque puede devenir fruto, que a su vez produce de nuevo semillas, etc. Aquello en lo que algo se convierte lo define. El niño lo hace por aquello en que se muda al crecer y desarrollarse: su humanidad.
En la naturaleza, pues, todo lo que es, lo es en razón a algo que llegará a ser, en potencia, pero también por sí mismo, en acto(energeia). Tiene una materialidad concreta, una realidad presente, su sustancia(ousia); también una potencialidad determinada, dicho de otro modo, una materialidad formada, que la configura y delimita. Así este grano de semilla es acto y potencia, forma y materia, pues es, semilla, no sólo por aquello que es ahora en acto, sino porque puede devenir cierta forma, un tilo, por ejemplo.
Dicho de otro modo, es por la posibilidad de convertirse en ese tipo de árbol por lo que es esta semilla concreta, y no fresno o pino, o un pedazo de tierra. Su entelequia, su plenitud, su telos, delimita y manifiesta su verdad. De todos modos entre lo que es y aquello que aún no, pero lo define, siendo también esa privación que lo constituye, se instala la posibilidad de que nunca llegue a ser, que se pierda y no fructifique. No hay necesidad que ligue un ser a su fin, a su realización. En el mundo físico la potencialidad no es camino de una única dirección que mude la semilla en árbol.
El mundo natural es también lo accidental, la pura potencialidad irreductible, vinculada por Aristóteles a la materia caótica. Es decir, con más precisión, la materia como devenir, cambio y mutación de todo, deformación sin tregua- por transformación continua de una forma en otra- de aquello que es. Pues si naturaleza es forma, es al par materia, lo que permite que sea esa puntual que planté en un bosque con la intención de que creciera allí, con el tiempo, un tilo.
Es la naturaleza, así, hilemórfica(materia formada), por utilizar un termino con el se ha caracterizado el esfuerzo de Aristóteles por pensar en razón a estos dos conceptos decisivos. La forma sería lo que no cambia, pues si lo hiciese se convertiría en otra: ya no sería tilo, sino otra cosa. Materia, al contrario, lo que muda siempre y, por ella la semilla plantada en la tierra del bosque se pudre, pero sólo si las circunstancias son propicias podrá llegar a ser árbol.

El destino de las sustancias singulares que forman el mundo físico, al menos en el terrestre, no puede ser deducido por el conocimiento de las cualidades y características que lo determinan- el niño no necesariamente devendrá hombre adulto- sino que está sometido a los accidentes que consideramos fruto del azar. El devenir sería irreductible al pensamiento, en gran medida, por escapar a la capacidad de nuestra inteligencia de aprehenderlo como forma. Es por ello ese presente que huye entre nuestras manos como si fuera agua, que nunca es este que ya dejó de ser, ni aquel que aún no es, y que la permanencia de las formas, de los conceptos de nuestra inteligencia, parece evitar en alguna medida, instalándo un reino diferente, el de lo pensado, inabordable al devenir, ajeno a la muerte continua, perenne en su inteligibilidad entrevista por una mente finita. De este modo Aristóteles parece situar en una pensamiento ajeno al mundo material, pero razón final de su inteligibilidad y de su misma existencia, de su no ser nada, la verdad de todo aquello que es, la estructura ordenada que el mundo dibuja y que nuestro saber pretende captar. Pues los copos de nieve se desvanecen al mismo caer, pero el concepto atrapa su ser, dibuja su forma, lo convierte en logos, lo piensa, y con ello el devenir borda cierto perfil en la inteligencia, el orden de la verdad, el de la sucesión de un saber que intenta recrear, no aquello que al caer se desvanece y ya no es, su singularidad continuamente perdida, sino eso que en ello se reitera, que cae con cada copo, con ese de ayer, con el de hoy, con el que traerá el mañana.

Esta visión de la cosas sigue siendo heredera, pienso, de la dualidad entre idea y materia platónica. Pues esta sería devenir informe, muerte continua, nada que vence cualquier relieve, como el río de Heráclito; mientras que Eidos, Morphé, la forma que pensamos al conocer el mundo y que configura este en su belleza, en su ser, es la eterna reiterada verdad que se mostraría inalterable en el círculo de los cielos, de las estaciones, de la vida, de todo aquello que es.

Cipriano Játiva

jueves, 11 de noviembre de 2010

LO QUE HACEN LOS POETAS


Las pequeñas virtudes, Gustavo Martín Garzo (“El País”, 17 de octubre de 2005)
[…] Ladrones de huevos. “Las gallinas”, escribió Gómez de la Serna, “está hartas de denunciar en las comisarías que la gente les roba los huevos”. Esta frase nos hace sonreír, pero por algo bien distinto a lo que nos sucede con un chiste común. Sonreímos porque percibimos en ella el embrujo de la verdadera poesía. Y todo porque es capaz de devolver a las gallinas la dignidad que llegaron a tener cuando sus antepasadas no vivían en nuestros corrales, y podían moverse a su aire. La dignidad de los urogallos, los faisanes, de todas las aves salvajes. O dicho de otra forma, porque nos permite contemplar a las pobres gallinas como algo más que carne para nuestros guisos. Porque ¿acaso no es cierto que les robamos? Ellas ponen todo su esfuerzo, llegan hasta casi enfermar en la tarea de conformar sus huevos, y nosotros se los arrebatamos al instante para llevarlos a la cocina. Es cierto que las tenemos para eso, pero eso no quita para que al menos se merezcan un respeto. Eso hacen los poetas. Agradecer a las gallinas los huevos que llevan a su mesa, al sol la luz con que nos despierta cada mañana, a los ríos el agua con que llenamos nuestras bañeras. Dicho de otra forma, el poeta escribe para agradecer. Toma el huevo, y se detiene a mirar el corral donde lo ha encontrado. Y le parece hermoso. Esa mirada entre sorprendida y burlona, es la mirada de todos los poetas del mundo. […]

Aristóteles y la señora Goldstein. Un poco de humor


"Según Aristóteles, todo tiene un telos, un objetivo intrínseco que alcanzar. Una bellota tiene un telos: un roble. Los pájaros también y las abejas(...) Forma parte de la misma estructura de la realidad. Si esto os suena un tanto abstracto, en la siguiente historia la Goldstein remite el telos a los asuntos terrenales:

La señora Goldstein paseaba por la calle con sus dos nietos. Se encontró un amigo que le preguntó cuántos años tenían. La señora contestó:
-El médico tiene cinco años y el abogado siete. "

T. Carchcart y D. Klein, Platón y un ornitorrinco entran en un bar..., Planeta, pág. 16.

Jorge Luis Borges

Existe otro modo de llegar a la filosofía: leer a los grandes escritores y poetas que hicieron de su obra una refinada forma de pensamiento. Entre ellos ocupa un lugar especial Jorge Luis Borges, escritor argentino fallecido a finales del siglo XX y cuya obra poética y muchos de sus cuentos fueron, para mí y para muchos otros, en mi juventud, una forma de iniciación filosófica. De entre estos os invito a leer este poema platónico titulado "La Rosa, de su primer libro de poemas, publicado en 1923, "Fervor de Buenos Aires".